NOYNO

Yacía…

enterrado  

en los sótanos de la soledad,

en las cuevas del rencor y de la envidia,

en las celdas de la amarga intolerancia,

en la trena de la apática resignación…

Caí, tropecé, me asfixié…

Entonces

grité, alto y claro: ¡NO!

Alcé mi voz, puse límites a mi “simpasión”,

y grité ¡No!, nevermore,

no y no y no.

Y al negar mi encierro,

al rechazar mi entrega a la desolación,

al rehusar un pasado de embustes y renuncias,

se abrió ante mí la vida,

el encuentro,

la paciencia,

¡el otro!

Topé con la pausada satisfacción de la sincera esperanza.

Renací… y ahora grito, con apagada voz, sí… a una vida al aire, tranquila, muelle, honesta…

Por fin respiro libre

en el paradisiaco saber:

¡No hay camino de vuelta!

@dondaniofficial

Foto: Photo by Joshua Earle on Unsplash

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